Sábado 13 de Junio de 2026

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De la constitucionalidad de la ley (27.120) que convoca a elegir Parlamentarios del Mercosur

Sancionada en ese período en donde maratónicamente se aprueban las resoluciones y declaraciones más desopilantes que se les pueda ocurrir (el día nacional del….) horas después de la navidad y minutos antes del año nuevo, la norma establece (artículo 18) que la ciudadanía argentina elegirá a estos nuevos representantes, de un parlamento supranacional (algo inédito en nuestra composición política) de un congreso que no tiene siquiera fecha cierta de funcionamiento y por ende, tampoco expresa su real dimensión en su razón de ser, despojándole al ciudadano de la información básica como para elegir representantes de algo que no se determinó sus naturaleza representativa ni tampoco su funcionamiento. El gobernador de Corrientes, lo calificó de “aberración jurídica” y los legisladores nacionales afines bien podrían actuar en consecuencia como para amparar al ciudadano en lo que claramente podría significar el lesionar su potestad delegativa.

Construir tropa propia o contratar sicarios electorales, el desafío de los presidenciables.

Los que creen que la política es un ejercicio matemático, a lo sumo un asiento contable, defecto por lo general de empresarios y profesionales no pertenecientes a las ciencias humanas, que en tiempos electorales, sea por conveniencia o por inercia mediática, meten sus narices en lo electoral, cometen un craso error de apreciación, que sumado a intereses varios, ayudan a entender cómo se da el actual panorama político nacional. De los cuatro pre candidatos con mayores chances, salvo uno, el resto persigue el objetivo de llegar a agosto “construyendo tropa propia”. Es lógico, comprensible y hasta obvio, en términos futbolísticos, el primer turno, vendría a ser como una serie de cuartos de final, que recién podría culminar en noviembre con la gran final (es decir la posible segunda vuelta).

Desterrar el principio ficticio y perverso de “Una persona, un voto” es lo que propone el Voto compensatorio

En tiempos de las llamadas democracias inacabadas, líquidas y demás epítetos elucubrados por las luminarias, académica y editorialmente bendecidas, la única salida válida para reconstituir el contrato social, que subyace como sostén a nuestra institucionalidad representativa, es el de reconsiderar ese principio ramplón y tramposo, que nos hizo creer durante mucho tiempo que lo real es sinónimo de lo expectante, la unificación maléfica entre acto y potencia, debe ser escindida, para que tengamos normativamente, una sociedad en donde el ciudadano valga numéricamente en voto, de acuerdo a cuanto le debe ese estado tutelar, es decir sí el mismo ha estado para brindar, educación, salud, trabajo y seguridad, no puede representar en cantidad lo mismo para aquellos, al que ese mismo estado, ha permanecido ausente, generándoles todo tipo de inconvenientes, que naturalmente, repercuten también en un tejido social e institucional que nos proponemos reconstruir, mediante esta nueva consideración filosófica-política-jurídica.

Incesantes búsquedas de razones para entender las sinrazones del fenómeno humano

La sinrazón de un crimen, de una muerte, sea natural, accidental, tempranera o en su tiempo “esperable”, el acto demencial que cada cierto tiempo algún ser humano perpetra sobre otro (hacia la mujer como ¿género? O por mera correlatividad de un vínculo insoportable, mucho de los agresores de mujeres, se suicidan por caso), al contar con una cobertura mediática y una cierta proximidad que nos genera la víctima (aproximaciones identitarias lo que nos despierta la sensación que a cualquiera nos pueda ocurrir) sacuden la opinión pública y el ánimo generalizado. El hallazgo del cadáver de la joven correntina de Esquina, como la muerte de un reconocido periodista, enluta tanto la región y despierta irrefrenables intentos por encontrarle una lógica o explicación a la sinrazón de la humanidad.

Somos casi todos los mismos (el otro ni siquiera es una imagen)

¿Que impulsa, a un correntino de clase alta o en verdad perteneciente a esas esferas dirigenciales o de poder, que habita en la cocina donde se cuece todo lo económico, lo político y lo social, sin siquiera detenerse a mirar por sobre el hombre, o con soberbia, a un comprovinciano suyo que vive en un barrio bajo, o que pretende ser parte de lo que no es, dado que ni siquiera considera un par humano como para sobrarlo?. El otro y el poder en nuestros tiempos actuales, en donde casi todos, somos casi siempre los mismos, dirigentes, candidatos, segundas líneas, terceras, cuartas, comunicadores, sicarios de la comunicación, escribas, escribas con calidad de literatos. Mientras que esa vacuidad de la gente, el electorado, el pueblo, no deja de ser siempre hablado, pensado, deseado por nosotros, los mismos, que no somos no un millón, ni cien mil, ni diez mil, seguramente mil, y sí a usted le llegó esto, es porque es parte de esto.

De los Barrabravas o de los legítimos representantes de la pasión futbolística

A días de volver a elegir representantes políticos, no es necesario ser filósofo o filosofar para dar cuenta que el mundo es una representación, la esencia misma de la humanidad, entendida desde nuestra razón, conciencia, yo, perspectiva (y todos los conceptos que de allí alumbran escuelas del pensamiento) es otra cosa y, en otro momento, de lo que somos en el aquí y ahora; eso o esto, es representación. Entonces el estado somos todos y nadie a la vez, de allí que esa abstracción requiera también de seres o de tipos, semi-abstractos, es decir los políticos, que dicen representarnos (nominal, legal, electoral o a veces legítimamente) por más que no lo hagan y por más que el modo que imponen para que los elijamos no sea (abierto, plural, libre, etc) lo que dice ser. La pasión futbolística, tiene sus representantes de hecho, que son ni más ni menos que los tipos que le ponen “calor y color” a la tribuna, que le ponen música y olores, por más que esta deba nutrirse, cada tanto, de actos violentos y sanguinarios e irracionales. Acaso un estado ausente que deja morir de inanición (desnutrición) en el desamparo de la inseguridad o en la desolación de su opulencia e hiperpresencia en sus administradores, al costo de su retiro en la prestación de sus obligaciones, ¿no es tan o más criminal que las barras bravas?. Se debería crear un padrón de hinchas y elegir a nuestros representantes de la pasión, es lo único en que difieren de los políticos.

¿Es lo mejor que tenemos?

Hace veinte años, era aceptable que nos dijeran que antes que la dictadura, esta democracia era más que una fiesta cívica, o el paso previo a lo perfecto. Sin embargo, se acumulan décadas, en donde esta incertidumbre democrática, se pretende sostener bajo pretensiones académicas como “democracia inacaba” u otros eufemismos que intentan que las próximas generaciones, es decir dentro de algunos lustros y sin que ya le podamos decir a ellos que lo democrático es lo mejor, ante la dictadura (que será una cuestión historicista en tal momento) puedan llevarse puesta, esta simulación de elegir, cuando en verdad, es un pérfido sistema enquistado por los intereses de una minoría que nos impele a optar entre los que ellos deciden que tenemos que, y aquí cambian el concepto, “elegir”, de acuerdo a lo que establece lo que entiende como “la democracia”.

No renovas la banca

Y te querés matar. Hasta hubieses preferido que aquellos estudios, que te hicieron, también, temblar la pera, te dieran mal. Porque no renovar la banca, es la muerte civil, la muerte económica, la muerte de las prerrogativas de ese estado al que te acostumbraste a enajenarlo, a vejarlo, tanto silenciosa como inercialmente. Ya nadie te llamara ni estará pendiente de tu humor, por eso esta misiva es para vos, que ya, hasta dejaste de tener nombre propio (quizá nunca lo tuviste, pero recién te estás dando cuenta). Ni siquiera el tiempo te pertenece; porque le podes ganar otra batalla circunstancial a la adicción que te perpetra en el poder, corrompiendo la esencia de lo democrático y de la institucionalidad, por más que tengas a la norma electoral, amparándote, cobijándote, escondiéndote, como el pantalón de tu patrón, ese que te puso y te dio entidad política, social y económica; como te decía, puede que le arrebates a la ciudadanía unos buenos sueldos más, de los jugosos, estrafalarios y suculentos honorarios que te pertenecen por representarlo, pero vos, cada cierre de lista, tenes el Jesús en la boca, la respiración entrecortada, tu vida y por ende tu muerte, pende de esa lapicera, al que le imploras hasta la indignidad que te vuelva a signar, que te brinde la felicidad, ficticia y fugaz de seguir siendo alguien por un puñado de años más.

Desde el Califato de la República multipartidista de la Provincia de Corrientes

Sin internarnos en los alambicados y sinuosos caminos de nuestra cultura caudillesca y patriarcal, nos debemos, al menos exclamar en líneas fugaces, un grito de libertad (que podría ser callado por un billetazo de esos que abundan en los tiempos electorales), ante el dominio político que representa, el hombre providencial, el sucesor de la deidad, o califa, en la provincia y tal dominio, no está en cómo se llame o en lo que haya hecho o dejado de hacer, simplemente asombra que toda la clase política, incluso los que no juegan o jugarán con él, bailan al compás del susodicho y no hacen otra cosa, que pretender agradarle por más que ello significa caer en indignidades personales.

“Del imperialismo académico-intelectual europeo nadie habla”

En tiempos electorales, en este tránsito que nos ha tocado, por estas tierras latinas que nos han visto nacer, desde hace más de 50 años que se combate, entre heroica y románticamente, contra un imperialismo económico y político, con base geográfica en el norte de nuestra américa, y que ha dividido al mundo, taxativa, semántica y concretamente por algunas décadas, división que sin embargo y tras el frío de esa guerra, aún se mantiene en nuestros discursos, en nuestro hablar y en nuestro ser. Ninguno de nuestros políticos, latinoamericanistas, progresistas, populares o como los quieran llamar, alimentados por sus respectivos grupúsculos de intelectuales, más preocupados por lucir cucardas académicas otorgadas por casas de altos estudios europeas, piensa política y menos filosóficamente, desde nuestra autenticidad, de cómo podríamos organizarnos más ecuánimemente como sociedad, sin tener que pedir permiso o soslayar a la Europa atávica, que pese a su crisis, nos mira por sobre el hombro ante nuestra dependencia instalada en lo arquetípico de nuestra dirigencia.