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Peronistas con Valdés.

En el marco de las elecciones a gobernador en la provincia de Corrientes, y dada la danza de nombres que se ha iniciado y, considerando que dentro del espacio político de ECO, la candidatura a ocupar el sillón de Ferré, le corresponde al radicalismo, y los procesos actuales y modernos de elección, indican el modo y el procedimiento de consenso, antes que de elección interna o de acto de proclamación, en la arena pública, por intermedio de los medios de comunicación, en nuestra condición de peronistas, queremos expresar nuestro apoyo al Doctor Gustavo Valdés para que sea tanto el candidato de ECO, como por consiguiente el próximo gobernador de la Provincia.

De la Democracia Deliberativa a la Democracia Desiderativa.

En los frecuentes análisis y estudios, que desde distintos campos y saberes se realizan, acerca de la democracia, tanto como objeto social, como sujeto colectivo que nos envuelve y define, uno de los menos frecuentados por los distintos especialistas, y con ello, menos difundido por los medios de comunicación, es el de la democracia deliberativa. Sí bien la misma, surge como complementariedad de la democracia representativa clásica y de acuerdo a sus más notables investigadores, induce a un retorno a las primeras fuentes (las griegas) o nos dirige a las experiencias democráticas más concelebradas (cantones suizos), de todas maneras, en cierta medida, va al choque o a la confrontación con el sistema de mayorías, claro y nato, en que no pocas veces se reduce a la democracia representativa tradicional (o incluso sus variaciones, las que por ejemplo, destacan, promueven o avalan la confrontación democrática, siempre por instauración de mayorías, o las que alientan, una lógica más consensual o de relación dialéctica, que más temprano que tarde se define en sus contradicciones por una síntesis sometida a voto). Autores como Habermas, Rawls y Nino, son paradigmáticos de este resumen de constructivismo epistemológico como lo llamo el jurista Argentino (file:///C:/Users/Notebook/Downloads/nino-carlos-santiago-0.pdf ), que apunta a una suerte de dotación de valores, de recarga de conceptos (con la finalidad de que esto, transformará para bien a la sociedad), a la simple ratificatoria estipulada por voto, obligatorio o condicionado, en la que para muchos ha caído, por peso propio o empujada por la inoperancia de su clase dirigente, la democracia representativa de nuestros últimos tiempos. Sin embargo y más allá de ampliar los conceptos de tan interesante propuesta, lo más destacable, sin duda, es el nuevo esfuerzo, por dotar a un sistema que nos tiene cautivos, encantados, seducidos, sometidos, como abrevados y sintetizados, bajo su único poder, casi omnímodo como omnisciente; su valor desiderativo.

Cruje la precaria idea de democracia puebleril que supimos concebir.

Lo afirmamos dentro de un análisis teórico, pero intentaremos demostrarlo en los hechos del día a día de la política vernácula. Las vacaciones del todopoderoso Gobernador, ha servido, al mejor estilo siglos atrás cuando el Rey viajaba de campaña y en su comarca se desataban las más desopilantes intrigas palaciegas, para que le operen (habiéndose dejado operar también) al siguiente en línea de sucesión que ya venía clamando que no lo olviden (prometiendo como lo hizo para llegar donde está, “inmolarse” políticamente) para asegurarse tal vez una banca en la repartija que se vendrá (elecciones legislativas provinciales). Lo destacable es como este tipo de sucesos nimios, evidencian la superficialidad en la que vivimos nuestra realidad democrática, que en vez de ser fortalecida por la clase dirigente (que es la que más se beneficia de ella) la percude, horada y socava, inexplicablemente.

“El padre de familia es el gran criminal del siglo” y lo democrático su juez encubridor.

La frase entrecomillada pertenece a Hanna Arendt y lógicamente la autora lo referenciaba al siglo que le toco vivir, al recientemente transcurrido. El agregado es nuestro y bien podría señalar el correlato, o más que nada la explicación de que nos sucede en nuestro período, que en parte, arrastra la irresolución de la criminalidad señalada por Arendt. La figura patriarcal como cómplice pasivo, ante las vejaciones de lesa humanidad, arguyendo la persecución de las gestas menores de mantener la supuesta seguridad del entorno privado, permitieron los campos de concentración, desandaría con profusión, como criterio y tino la autora. Algunas décadas después, desde una perspectiva de género, podrían aumentar la argumentación señalando que este tipo de criminal, promueve y alienta también, una noción comunitaria, totalmente desigual, como sectaria y por ende antidemocrática, de segregacionismo a la mujer, condenándola a un rol pasivo o secundario, imponiéndoles incluso, a las heroínas que no aceptan esto, de algún modo, una penalidad física (figura de feminicidio) que en algunos casos, luego de cometido busca ser solapado o naturalizado en una suerte de disputa contracultural o de contrapoder. Quienes consideran que la lucha por tener un mundo mejor, puede ser trabajado, desde esta posición de resignificar tanto la semántica de la codificación (de la patria a la matria, de la fraternidad a la sororidad) como la resignificación conceptual de toda la arqueología misma del sistema (dando por sentado que este responde a patrones mera o expresamente machistas) tienen además de una menuda labor, todo un horizonte cierto de proceder bastante claro respecto al futuro.

El poshumanismo producto del maridaje entre la posverdad y la posdemocracia.

La posdemocracia ha construido, bolsones, archipielielagos de excepción, guetos, extensiones amplísimas de poshumanos a los que creemos (en un uso de la posverdad) como si fuesen iguales en derechos y posibilidades, pero que sin embargo en la realidad son completamente desvalidos en su propia condición de sujetos. Nosotros, insistimos en nuestra posverdad, los creemos prójimos, o próximos o asequibles a nuestro género humano, sin embargo, mediante nuestra posdemocracia los hemos transformados en los residuos necesarios, para extender nuestro ser en el mundo. En sus faltas, en sus carencias, nosotros podemos observar, sentir y percibir nuestros logros, validarlos y legitimarlos, darles sentido a nuestras vidas en la posmodernidad que nos arremete con sus excesos y provocaciones. El desafío consumista-existencial de no poder tenerlo todo, lo hemos resuelto generando quiénes no pueden tenerlo nada.

Salvemos la democracia.

La presente expresión política surge a los fines explicitados, creemos estar en el tramo final de un proceso en donde, quiénes vienen anteponiendo sus intereses personales por los colectivos, pervierten a mas no poder, tanto el sistema como la institucionalidad democrática, llevando a grados intolerables la credibilidad política, como la insustancialidad de la misma, extendiendo o en el mejor de los casos, manteniendo, sin hacer nada al respecto, los siderales y crueles índices de pobreza y marginalidad.

Los radicales y la democracia o la democracia radical.

Por supuesto que se trata de un juego de palabras. Todo en occidente lo es. La comunicación, la política y por ende las últimas y las primeras causas; la filosofía. El distrito del lenguaje, es el de mayor consistencia en donde se acendra la legitimidad de lo democrático; que por definición y hasta antológicamente, no sólo que es palabra, sino más que nada un juego. En el muladar latinoamericano desde que este escriba posiciona su perspectiva, el centenario partido radical (que nace de la revolución del parque y que extrañamente siglo después amalgama en el imaginario de lo que representa el valor de reinstaurar y proteger lo democrático) gobierna, peronisticamente (es decir usufructuando los límites de las leyes electorales, exprimiendo las reelecciones, generando sucesiones familiares y suprimiendo la posibilidad de internas tanto dentro del partido, como por fuera del movimiento del que es eje y que aglutina otros partidos) o como lo hizo su contrapeso (en la lógica de sostener la formalidad democrática, en la astucia del juego del policía bueno y malo, cada cual desarrolla supuestas virtudes que en verdad no son tales y que gravosamente no sortean por ejemplo el peor de los males estructurales: la pobreza y marginalidad extrema al que someten a grandes y extensos bolsones de la población) demostrando un conocimiento cabal, casi absoluto y total, de la democracia en sí misma, cuestionándose por tanto, si esa radicalidad (la de en este caso gobernar, casi hace dos décadas, tener mayoría o control estratégicos en los poderes legislativos e incidencias manifiesta en el judicial) acaso no es antidemocrática, en un terruño, en una comarca en donde casi la mitad de la población no puede sortear la pobreza a la que ex profeso es subsumida y muy pocos, que son perseguidos y hasta caracterizados (a diferencia de siglos atrás condenando a la hoguera en la actualidad, cercenados y condicionados por el ninguneo y la indiferencia que se vierte desde la cúspide del poder) poco pueden realizar, como este artículo mismo, para que se pueda pensar la radicalidad democrática.

Excedente democrático.

“Estamos desde el punto de vista del análisis del poder, en una situación completamente bloqueada, en este archipiélago de la governance la corrupción es el modo en el cual este proceso se socializa: donde en un tiempo se decía sistema democrático, hoy se dice sistema de corrupción, porque el sistema actúa fuera de cualquier medida, o mejor, determinando la medida desde el mando, no desde la regla, en un modo de funcionamiento de la governance opuesto a la máquina del estado de Derecho” (Negri, T. Corrupción, nueva acumulación, refeudalización. Página 18. Editorial Quadrata. 2012. Buenos Aires).

En la cocina del poder cocinando las expectativas.

A contrario sensu de lo que se pensaba (o de los pocos que piensan la política en la comarca) la convocatoria a las elecciones anticipadas y por ende desdoblamiento electoral, para elegir legisladores provinciales (potestad del ejecutivo provincial) más que una estrategia hacia la oposición (como para primerearlos, jugarles con la falta de recursos y con el peso del aparataje) es una bajada de línea, para evitar rebeliones en la granja, ordenar la tropa propia, que ya empieza a moverse en pleno burbujeo de las fiestas. Desde los relanzamientos de los partidos legislativos o unipersonalistas hasta los pedidos desesperados de visibilidad política, que ruegan al mandamás principal, usando a una de las víctimas de las mafias políticas, para que no se olviden de fulano o sultano, son muestras acabadas de esto mismo que expresamos.

Bomba, ¿de estruendo o de tiempo?.

“El espíritu de libertad supone también que la ley sea respetada. No hay democracia donde reinan el dinero, el clientelismo, el espíritu cortesano, las pandillas de malhechores o la corrupción. Esto implica, como dicen con razón los defensores del espíritu “republicano” de Francia –demasiado olvidados en cambio de la dimensión representativa de la democracia-, que el poder central haga aplicar la ley en lugar de someterse a la influencia de los intercesores locales. Cuando la ley y los representantes electos desaparecen ante los enfrentamientos de las pandillas y la policía o los que oponen a grupos étnicos que se disputan el control de un territorio, ya no es posible hablar de democracia, aunque las elecciones sean libres y los partidos políticos se alternen en el poder. (Critica de la Modernidad “Alain Touraine”).”