Analizando los conflictos políticos que dividen a la sociedad argentina en los últimos tiempos, en donde se acentúa la discrepancia entre los ciudadanos, cabe la duda si es a causa de un fanatismo exacerbado que, concluye a una frágil fundamentación sobre el debate acerca del ámbito político; o una falta de cultura política por parte de ellos y porque no, por parte del mismo sistema político, entendiendo a éste desde la conceptualización abordada por el autor David Easton , como un conjunto de interacciones políticas que se orientan hacia la asignación autoritarias de valores a una sociedad. (Por Ana Caren Graemiger).-
Así como se nos dijo que no había 2013, sin 2011 y los militantes de base, estampamos el triunfo de quiénes en la carroza Kirchnerista, nuestros líderes políticos saludaban a la multitud como si fuesen bastoneras de comparsa, nosotros ahora, en un claro acto de rebeldía peronista, entendemos, creemos y sentimos que para tener una chance de poner un gobernador peronista, Eduardo Tassano tiene que ser el próximo intendente de la Ciudad.
El Centro de Estudios Desiderio Sosa propone un Observatorio electoral con el lema “Elegí cuidar la Democracia”
Siga el baile, siga el baile, de la tierra en que nací; La comparsa de los negros, al compás del tamboril. Siga el baile, siga el baile, con ardiente frenesí; Un rumor de corazones, encendió el ritmo febril. Alberto Castillo
“De los fundamentos del estado, se sigue, con toda evidencia, que su fin último no es dominar a los hombres ni sujetarlos por el miedo y someterlos a otro, sino, por el contrario, librarlos a todos del miedo para que vivan, en cuanto sea posible, con seguridad; esto es, para que conserven al máximo este derecho suyo natural de existir y de obrar sin daño suyo ni ajeno. El fin del estado, repito, no es convertir a los hombres en seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del estado es, pues, la libertad” (Spinoza, B. “Tratado Teológico-Político. Alianza Editorial. 1997. Madrid. Pág. 411).
Tal como el principio que sostiene Rodolfo Martínez Llano “A veces ganando se pierde y perdiendo se gana” la ratificación que en política dos más dos no son cuatro, es contundente, sobre todo en la arena peronista que no corona un gobernador desde hace medio siglo. Esta falta de entendimiento, de comprensión, que sólo ha tenido Don Julio Romero en virtud del último gobierno Peronista, vuelve a poner en caja los deseos del peronismo de arribar al sillón de Ferré. Nuevamente se puso delante el carro de los caballos. De aquí la explicación de porqué el radicalismo, el ricardismo se regodeó en este adelanto municipal. Pudo ganar meses para seguir concentrando poder, pese a la dificultad lógica de la sucesión, que podría haber sido traumática, y que sin embargo solo lo es, con escaramuzas, gracias a que existe a mitad de año (como si no alcanzase la razón, los augurios, que provienen desde la antigüedad, señalan lluvias que complican no sólo el transitar sino el humor de la ciudadanía con su oficialismo en juego, el más directo, el municipal y recuerdan los vinculados al peronismo, con otra derrota en junio, la de Nestor K en 2009 en provincia de Buenos Aires) esta elección, en la que el intendente, sólo junto a su facción y un grupo de encuestadoras pretende convencer que siga en el poder será beneficioso para el conjunto de los capitalinos.
En alguna de nuestras elecciones, libradas en nuestros vastos latifundios, un pueblo, en su accionar directo y pleno, o representado por unos pocos, librará la batalla (de aquí que se conserve los términos militares para la acción electoral, a pedir de Carl von Clausewitz. «La guerra es la continuación de la política por otros medios») de sentido, la disputa democrática, la pelea por la cual los pueblos que vemos el sol desde esta perspectiva hemos sido y somos un pueblo determinado y característico.
Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición. François de La Rochefoucauld.
La institucionalidad democrática nos emplaza, mecanismo normativo y educacional mediante un sistema el cuál la letra muerta de una disposición crea una estructura limitante para el hombre, quién finalmente es el que activa el mismo sistema desde el que no puede ser medida de todas las cosas. Desde lo teórico funciona para los que pretenden un título de grado en una carrera jurídica o a fines, desde lo práctico y más en sistemas culturales conservadores y elitistas, la realidad es que el hombre, con nombre y apellido, sea líder carismático, heredero de un poder familiar u exitoso en una esfera económica, deportiva o del espectáculo, es quién indiscutidamente ejerce un poder por encima de las instituciones de la que es parte y sólo compulsa su continuidad en el poder, con aquellos con los que comparte el selecto club de la clase dirigente, dueña y señora de un poder que solo pretende un barniz de popularidad cada dos años para legitimarse mediante elecciones.
Podría constituirse en la prueba irrefutable que de la democracia lo único que realmente les importa es su semántica. El simbolismo, marcado a fuego, el totemismo que lo democrático, es la última playa en donde desembarca la razonabilidad humana. Una suerte de epifenómeno, que demostraría que existe un avance cierto e indiscutible de lo humano. La justificación de nuestras existencias errabundas, del arrojo sin ton ni son al que hemos sido sometidos, y que por no tolerar tal orfandad, creamos a partir de esta sublimación de lo negativo, el sentido, en política, la complementariedad, de que prevalecimos por sobre poderes dinásticos, eclesiásticos y militaristas. Somos derechos y humanos, porque nos decimos democráticos. En la reverberación de la semántica (de aquí que en los últimos tiempos lo democrático se juega en los medios de comunicación, porque sólo es un reflejo de una idea, de un concepto, cuya traducibilidad es un imposible) más allá de que seamos obligados, invitados, condicionados, a optar, nunca a elegir (sí así fuera deberían aceptarse las candidaturas más allá de lo partidocrático, o que el azar elija una cámara de representantes en donde todos tengan, realmente, las mismas posibilidades de ser electos) en un acuerdo tácito con la dirigencia que se nos ha instituido como el padre regulador, normativo, el amo disciplinante, nos prometen, consabidamente todo aquello que no nos van a cumplir, pero no lo peor, lo más significativo, o lo más evidente de ante quiénes estamos, es que no nos dicen, con quienes nos van a gobernar, bajo que parámetros, metodologías elegirán a sus equipos técnicos, a sus grupos de colaboradores, o como quieran llamar a sus asesores, colaboradores o quiénes sean que les ayuden en la tarea para lo que propusieron. La firma de tal cheque en blanco, para que a partir de la ratificatoria de mayoría, hagan y deshagan a sus respectivos antojos, se avala, se respalda, cuando, en la previa electoral, desarrollan todo tipo de promesas, para los diferentes segmentos en los que se divide una comunidad y arman y desarman, proyectos para cada compartimento, con la misma facilidad, que los niños construyen y destruyen castillos de arena.
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