La arrogancia del que escribe ante el espejo de lo escrito por la inteligencia artificial.
Nunca hubo nada que decir. Intolerantes al vacío, en un punto, no alcanzó con la oralidad para dotar de nombres a las cosas. En definitiva, es más de lo mismo, pretender imponer una voluntad por sobre otras. Se desarrolló la técnica de la escritura (tal como nos recordó Juan Carlos Fernández Naveiro en el seminario pensar en tiempos de inteligencia artificial) y se amalgamó el logocentrismo. Hubo historia, de lo humano, antes y la habrá después.
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